Quienes tuvieron la grandiosa
oportunidad de visitar una sala de cine durante aquellos tiempos de gloria,
cuando el recién bautizado "séptimo arte" se expresaba en dos tonos,
tal vez nunca imaginaron cuan apasionante, prolífico y masificado sería luego.
Muchos años han transcurrido desde que el cine clásico debutaba en blanco y
negro, ataviado de ese misterioso mutismo que las orquestas en vivo
posteriormente atenuarían. Cada escena de Charles Chaplin invita hoy en día a transitar un mundo
de ensueño e íconos del cine creados por la imaginación humana, perfecto
resultado de la técnica y las temáticas que reclamaban un espacio digno de su
valiosa razón de ser; amor, locura, aventuras y hasta desdichas descritas
gracias a la fotografía, la magia del celuloide, el sonido y un ineludible
reconocimiento al talento artístico de esos días. Historias como "Tiempos
Modernos" del año 1936 nos demuestran el poder del cine de entonces,
salpicado de momentos especiales que perduran en la memoria del ciudadano que
ha conocido lo maravilloso que resulta identificar en una banda sonora aquella
escena con la que conectó para siempre, la canción "Smile" compuesta por el mismo Chaplin para el film antes mencionado representa
un fiel ícono del cine clásico, el cual, en cada composición deja una huella
indeleble para cada cinéfilo. Tan
imponente ha sido la influencia del cine en blanco y negro que muchos
directores de cine actuales han hecho películas en los dos épicos tonos, y ni
hablar de mi creencia respecto a que todo lucía en tales colores y se movía más
rápido que hoy.
Por: Carlos Luis Paredes Inagas.

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